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Convertir LIT a PDF todavía no funciona aquí. Esta página describe lo que hará la conversión; más abajo tienes las conversiones de LIT que ya están en marcha.
Hasta 100 archivos a la vez. Mezclar formatos no es problema.
Se convierten uno tras otro y vuelven juntos en un ZIP.
LIT a PDF
El par está declarado y la página existe, pero el motor de libros electrónicos no se ha desplegado: el contenedor que hace las conversiones de documentos no lleva instalada la herramienta que sabe leer un LIT. Decirlo aquí arriba es más útil que dejar que lo descubras al soltar un archivo.
La ruta práctica hoy es Calibre en un ordenador propio, que lee los LIT sin protección con un complemento. Lo que sigue es lo que conviene saber antes de empezar ese rescate: qué archivos se van a poder abrir, cuáles no se van a poder abrir nunca y qué formato tiene sentido como destino.
Microsoft Reader salió en el año 2000 con LIT como formato, y durante unos años fue lo que mejor se leía en una pantalla. Microsoft dejó de vender libros en 2011 y retiró la aplicación en 2012. Desde entonces nadie ha escrito un LIT nuevo y ningún otro fabricante implementó el formato.
Un LIT de hoy es, por tanto, un objeto de un ecosistema cerrado cuyas puertas se echaron hace catorce años. No se abre en un Windows actual, no se abre en ninguna otra parte, y las herramientas que todavía lo leen las mantienen voluntarios. Ese es el argumento entero para hacer el rescate ahora y no en un momento más cómodo.
Los libros comprados en la tienda de Microsoft llevaban una protección ligada a la activación de Microsoft Reader en una máquina concreta, comprobada contra los servidores de la empresa. Esos servidores ya no existen.
No hay, en consecuencia, ninguna vía —ni soportada, ni técnica, ni comercial— para abrir un LIT protegido en un ordenador donde no estuviera ya activado. Quien compró cien libros en 2005 y reinstaló el sistema en 2015 los perdió, de forma permanente y sin recurso. Es la demostración más clara que hay de la diferencia entre comprar una licencia y comprar un archivo, y ninguna conversión llega hasta ahí: el paso que falla es leer el archivo, y la conversión viene después.
Intenta abrirlos con Calibre y el complemento de LIT. Uno sin protección se lee y muestra sus metadatos; uno protegido se niega. No hay caso intermedio: un libro se abre o no se abre, y la comprobación es rápida incluso sobre una carpeta grande.
Merece la pena hacer esa separación antes que ninguna otra cosa, porque cambia el tamaño del trabajo. Una biblioteca de doscientos títulos puede resultar ser ciento noventa comprados en tienda y diez sin protección, y en ese caso el rescate se termina en una tarde y el resto es una lista de pérdidas que conviene anotar.
El formato es un contenedor de HTML compilado derivado de la tecnología de archivos de ayuda de Microsoft: HTML, hojas de estilo e imágenes con un esquema de compresión por encima. Estructuralmente es un sitio web pequeño dentro de un envoltorio, la misma idea a la que EPUB llegó por su cuenta unos años más tarde.
Esa estructura se documentó por trabajo independiente lo bastante bien como para que herramientas libres puedan leerla, y por eso un LIT sin protección se convierte limpiamente cuando se convierte. El texto, la división en capítulos, las imágenes y buena parte del estilo sobreviven, y el índice suele acabar como marcadores navegables en el PDF.
En el resto de este sitio el argumento va al revés: convertir un libro reflowable a PDF congela el tamaño de letra y le quita el control al lector, lo que casi siempre es un empeoramiento. Ese argumento da por supuesto que el libro se va a leer con frecuencia y en dispositivos variados.
Un rescate de archivo es otro trabajo. Lo que importa es que el archivo siga abriéndose dentro de veinte años, en programas que nadie ha escrito todavía, y que muestre lo mismo que muestra hoy; y para eso un documento de maquetación fija es mejor que cualquier formato reflowable, sencillamente porque deja menos cosas a interpretación. La rigidez que le cuesta comodidad a un lector es justo lo que un archivo quiere.
Un LIT no tiene páginas. Como todo formato reflowable guarda texto y estructura, y era Microsoft Reader quien decidía dónde terminaba cada pantalla según el aparato y el tamaño elegido. Así que un conversor elige un tamaño de página, una tipografía, un cuerpo y unos márgenes, maqueta el libro entero una vez y anota dónde han caído los cortes.
Elige esos ajustes a conciencia si el PDF va a leerse además de guardarse. Una página del tamaño aproximado de un libro de bolsillo con letra generosa se lee bien en una tableta; un A4 con márgenes por defecto está pensado para imprimir y resulta incómodo en pantalla. Nada de eso se puede cambiar después, que es exactamente la propiedad que lo hace archivable.
Hay una ruta mixta que funciona ahora mismo. Si la herramienta de escritorio te deja exportar el libro a HTML o a un documento de texto, la conversión de ese archivo a PDF sí está en marcha aquí: la hace LibreOffice en nuestro servidor, con un límite de 25 MB por archivo y cien conversiones por visitante y día natural en horario UTC.
Con una advertencia que conviene tener presente. El contenedor lleva instalado un conjunto acotado de tipografías, así que la maquetación se mantiene fielmente cuando el documento usa Arial, Times New Roman, Courier New, Calibri, Cambria o fuentes incrustadas. Cualquier otra se sustituye sin avisar y el texto se recoloca, cosa que en un libro se nota enseguida en los cortes de página.
Las herramientas que leen LIT las mantienen voluntarios y su número no crece. El soporte de formatos muertos se estrecha con el tiempo —un complemento deja de actualizarse, una dependencia cambia, una plataforma retira un entorno de ejecución— y no hay ninguna organización con interés en que siga funcionando.
Eso convierte esto en una tarea con una fecha límite que nadie ha anunciado. Convertir una carpeta de libros viejos es una tarde; descubrir dentro de cinco años que la última herramienta que los leía ya no se instala no tiene arreglo.
Una carpeta por libro, o un criterio de nombres común a todos, con el título y el autor en el nombre del archivo y no solo en los metadatos. Los metadatos son la parte que se estropea al convertir; el nombre del archivo es la parte que sobrevive a veinte años de copiarse de un disco a otro.
Guarda también una nota corta de dónde salieron los libros y cuáles no se pudieron abrir, para que la siguiente persona no repita el trabajo de descubrir los mismos archivos bloqueados. Y conserva los LIT originales en algún sitio barato: ocupan poco y son la única prueba de qué eran los protegidos.
| LIT | ||
|---|---|---|
| Nombre completo | Libro electrónico de Microsoft Reader | Portable Document Format |
| Extensión de archivo | .lit | |
| Tipo de medio | application/x-ms-reader | application/pdf |
| Compresión | — | Ambas, según el ajuste |
| Publicado por primera vez | 2000 | 1993 |
| Publicado por | Microsoft | Adobe |
| Especificación | — | ISO 32000-2 |
| Licencia | Propietario | Estándar abierto |
| Situación actual | Obsoleto | Vigente |
| Color que puede describir | — | RGB, CMYK, escala de grises |
| Se abre en el navegador | Ningún navegador | Todos los navegadores |
| Considerado en su lugar | EPUB | DOCX, HTML |
LIT y PDF admiten varias páginas, así que un documento de varias sigue siendo un solo archivo.
PDF se abre en cualquier navegador actual. LIT llega a menos navegadores todavía. Si el archivo va a una página web o a un formulario, ese suele ser todo el motivo de la conversión.
LIT es de 2000 y está sin mantenimiento. PDF es lo que escribe el software actual, así que convertir también es una forma de seguir pudiendo leerlo.
LIT es un formato de fabricante; PDF es una especificación publicada (ISO 32000-2). Eso cuenta para todo lo que deba seguir abriéndose dentro de diez años, cuando quizá el programa original ya no exista.
Los programas de siempre no coinciden: LIT se abre en Calibre, y PDF en Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw, así que quien reciba el resultado necesita alguno del segundo grupo.
PDF viene de Adobe y es de 1993, recogido en ISO 32000-2. Adobe Acrobat, Preview y LibreOffice Draw lo leen.
Sí: esta conversión necesita software que no puede funcionar en un navegador. El archivo viaja cifrado a nuestro servidor, se borra en cuanto termina el trabajo y el resultado a los 60 minutos.
Sí, hasta 100 conversiones al día para archivos de hasta 25 MB. Ese único límite existe porque esta conversión se ejecuta en un servidor que pagamos nosotros. Por lo demás aquí no hay nada limitado, y marca de agua no hay en ningún caso.
LIT y PDF describen el contenido de maneras radicalmente distintas. La conversión es por tanto una reconstrucción y no una copia: fiel, pero no idéntica byte a byte. Los libros electrónicos se readaptan al tamaño de pantalla y los PDF no. Dónde caen los saltos de página se decide durante la conversión.
No. La conversión se ejecuta en nuestro lado y te entrega un archivo PDF terminado; para abrirlo necesitas el programa con el que tu dispositivo muestra normalmente Portable Document Format.
Lo que esta página afirma sobre LIT y PDF se puede comprobar: aquí están los documentos que lo fijan.